UN CUENTO DE NAVIDAD

Un cuento de Navidad / por Rita Terranova

(a veces, las mejores historias son las que se encuentran en la vida real)

.. era el año 1970, mucho calor en Buenos Aires, papá estaba sin trabajo y llegaba la Navidad… Veníamos de unos años muy difíciles…

– Y si me dedico a otra cosa? Pero no sé hacer nada, repetía.

Llega el 24 y papá pide dinero prestado a un amigo, para poder cenar. Vuelve contento, trae el dinero y unos folletos que, decía, eran una sorpresa.

Como no alcanzaba para ningún regalo, a mí se me ocurrió poner en una canasta papeles con deseos escritos: paz, abundancia, amor, salud, trabajo…

Cada uno debía sacar su bendición con los ojos cerrados.
A papá le tocó el papel que decía: trabajo, y festejamos muchísimo.
Al terminar la cena, mi padre se levanta, busca los folletos que había traído (eran esos que entregan en las agencias de viaje, proponiendo paquetes turísticos) los despliega sobre la mesa y dice:
– Vamos a pensar qué países vamos a visitar cuando vayamos a Europa. Total, soñar es gratis…

Cada uno propuso un itinerario. Así despedimos la Nochebuena y recibimos la Navidad, planeando conocer Europa y felices porque a papá le había tocado el papelito que decía «trabajo».

Pasan los días y nada… El Año Nuevo también lo recibimos con una cena pagada con dinero prestado.

Hasta que una tarde llaman a casa para ofrecerle a papá un pequeñísimo papel en una obra en el San Martín. La alegría fue tan grande !!!

No importaba lo mínimo del personaje y el bajo sueldo, empezaban a cambiar las cosas y eso agradecíamos.

«El teatro siempre devuelve el amor que uno le da» era una de las frases repetitivas de mi padre. Lo que no imaginábamos era que la devolución estaba tan cerca.

A las dos semanas de ensayar, el protagonista se retira del elenco.
Llaman a varios actores para encarnar el personaje y están todos ocupados.
Entonces… después de muchas dudas, se lo ofrecen a papá.

– Con este papel o me hundo o despego, decía…

Despegó. Fue uno de los trabajos más extraordinarios de su vida. Mamá no fue al estreno, se quedó en casa rezando.
La ovación que recibió ese día, después de su monólogo, todavía resuena en mis oídos. La obra era «Cremona» de Armando Discépolo y le trajo el premio Talía al mejor actor del año.

Al año siguiente estuvo en «Un enemigo del pueblo», también en el San Martín.
Y al otro año, estrenó «He visto a Dios» en el mismo teatro.

Una interpretación que todos recordamos con emoción. Para muchos, su mejor trabajo.

Siempre.Toda la vida, recordamos esa Navidad donde no había para comer, el papelito que decía «trabajo» y la frase en la que mi madre insistía:
«Después de la oscuridad más grande, siempre comienza a amanecer»

(Ah! Nunca fuimos a Europa los cuatro juntos… No nos importó)

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