LA INOLVIDABLE EXPERIENCIA DE DAIMÉ EN RÍO GRANDE DEL NORTE

A partir de julio del 2016, la Dra Daimé León Balmaseda atendió a la población rural del municipio Lagoa d’ Anta en el estado brasileño Río Grande del Norte. Acerca de su experiencia en este último lugar conversó con Granma Internacional

La doctora Daimé León Balmaseda atendiendo a sus pacientes en el consultorio número 13 del policlínico Plaza de la Revolución, ubicado en la capital cubana. Foto: José Manuel Correa

«EL trabajo en Venezuela y Brasil me ha servido para crecerme como médico y persona, además de fortalecer mi convicción política», afirmó la doctora Daimé León Balmaseda, especialista en Medicina General Integral (MGI) y trabajadora del policlínico Plaza de la Revolución de La Habana.

Del 2003 al 2008 trabajó en el Centro Diagnóstico Integral La Maestranza, en la ciudad de Barcelona en el estado venezolano de Anzuátegui. A partir de julio del 2016 atendió a la población rural del municipio Lagoa d’ Anta en el estado brasileño Río Grande del Norte. Acerca de su experiencia en este último lugar conversó con Granma Internacional.

«Me entero de la misión a Brasil porque la dirección de mi policlínico convoca a una reunión y nos explica los pormenores del programa Más Médicos, generado en Brasil. Al finalizar nos piden nuestra disposición y los anotados comienzan a ser procesados. Sólo se seleccionó a los de mejor desempeño profesional», cuenta Daimé.

«En diciembre del año 2015, curso una preparación en idioma portugués con un mes de duración, impartido por dos profesores de universidades brasileñas. Una parte, consistió en el aprendizaje puramente del idioma y la otra, en temas de la profesión. Luego tuvimos que vencer un examen muy riguroso, elaborado por las autoridades de salud de Brasil. En el oral debías demostrar las habilidades en la lengua portuguesa con los términos médicos. En el escrito debíamos argumentar  temáticas médicas, referidas a la medicina comunitaria.

«Al llegar, el Ministerio de Salud de Brasil exigió otra especialización en medicina comunitaria. La universidad abrió una plataforma virtual con apertura los lunes a las 12 del mediodía y cierre el viernes a la misma hora. A través de cuatro módulos y cada uno de ellos de cuatro semanas, un profesor, que no conocí personalmente, me orientó temas a leer con tareas evaluativas a desarrollar. Para concluir defendimos una tesis sobre una investigación médica relacionada con las patologías frecuentes en nuestro quehacer».

—¿Cómo ocurre la llegada al lugar de Brasil?

— Viajé el 23 de julio del 2016. A todos nos entregaron un expediente con documentos legalizados para ejercer la profesión. Contenía los títulos universitarios, los de postgrados, especialización en MGI y los resultados de los exámenes rendidos en el curso preparatorio. Además de un historial de salud con la vacunación actualizada.

«Luego, la distribución por cada municipio fue aleatoria, realizada por las autoridades sanitarias de Brasil. Con el listado de los nombres designaron al personal sin hacer ningún tipo de preferencias y atendiendo a las necesidades de profesionales por cada lugar. Sólo se respetó que los hombres jóvenes fueran a comunidades indígenas de difícil acceso y en los municipios más cerca de las capitales ubicaron a las mujeres con algún padecimiento y algunos médicos de más edad.

«Ninguno de los cubanos eligió el lugar donde quería trabajar, mientras que los colegas extranjeros y los brasileños que se integraron al programa Más Médicos escogieron ellos mismos el sitio de ubicación. Incluso ocuparon las plazas en los lugares de mejor ubicación geográfica y en poblados con cierto desarrollo económico».

— ¿Qué condiciones tenía el lugar?

— Me tocó un municipio de alrededor de 7 000 habitantes, con una alta tasa de insalubridad y de analfabetismo, dedicados al cultivo de la mandioca, un tipo de yuca, con la cual elaboran una harina como alimento básico. También criaban ganado en un clima seco y con escasez de ríos. Algo llamativo es la juventud de sus pobladores porque muy pocos sobrepasaban los 60 años de vida.

«Allí laboramos dos médicos. Una colega atendió la zona urbana y yo me movía diariamente a poblados rurales cercanos en un transporte asignado por la prefectura.

«Nos enfrentamos a patologías gastrointestinales, desnutrición en niños y adolescentes, padecimientos de la piel y mordeduras de animales venenosos como serpientes y alacranes. La causa de estos males radica en la alta exposición al sol, la falta de higiene, escasez de alimentos y agua potable.

«La vacunación se efectúa a través de campañas en una fecha determinada del año. No todos se enteran y por tanto no acuden, principalmente aquellos pobladores residentes en lugares extremamente alejados. Falta un sistema de vacunación para dar cobertura total a la población».

—¿Dónde laboraste?

— En Brasil existe un sistema público de salud con consultorios médicos establecidos en diferentes poblados atendidos por una enfermera, un técnico de enfermería y los agentes de salud, con una plaza para un doctor, que nunca se ocupa permanentemente. Los galenos brasileños laboran en su mayoría en las grandes urbes y quien asiste en las zonas rurales, lo hace de forma esporádica y en días programados de una vez a la semana o cada 15 días.

«Nosotros laboramos toda la semana en el horario de siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, finalizaba con el último paciente que estaba en cola. A la enfermera se le asignaba la responsabilidad de jefa. Su labor consistía en clasificar a los pacientes y llevar los controles clínicos. Establecimos programas de atención priorizadas para chequear a las embarazadas, lactantes, niños y pacientes con diabetes, hipertensión y otras enfermedades. La recepcionista del consultorio medía presión arterial y temperatura, signos vitales, pulso y confeccionaba la historia clínica con los datos generales. Nosotros hicimos una relación profesional excelente.

«El consultorio principal lo ubicaron en un asentamiento con calles asfaltadas llamado Lagoa do Chico. Ahí laboraba la enfermera-jefa, por tanto en los demás poblados aunque estaba construido el consultorio, se mantenían cerrados por la falta de equipos de salud».

— Describe un día de trabajo…

— Llegaban muchos pacientes al consultorio, siempre hubo un seguimiento a los padecimientos. Programábamos citas tantas veces fueran necesarias para examinarlos y tener la certeza de que estaban curados. Ese proceder resultó novedoso para los brasileños. Por costumbre, el médico de allá los evalúa en una única ocasión, sin palparlos apenas, le receta los medicamentos y no realiza reconsulta.

«Nuestra labor asistencial incluyó la visita a los hogares para recomendar medidas a tomar en la prevención de padecimientos. Con ese proceder pesquizamos enfermedades, detectamos embarazadas sin atención médica y focos epidemiológicos».

— ¿Qué padecimientos fueron los más frecuentes?

—Diagnostiqué casos de lepra, algo nunca visto en Cuba en más de 20 años de graduada. Atendí a una paciente de 18 años que comenzó a debutar con una coloración llamativa en la piel, luego tuvo pérdida de la sensibilidad hasta erosionar toda la epidermis con la lepra. También me enfrenté a un brote de tuberculosis.

— ¿Cómo te relacionaste con las familias brasileñas?

— Conocí a la mayoría de las familias de mis comunidades. En algunas casas se asombraron de mi presencia porque nunca fueron visitados por un médico. Ellos eran pobladores humildes y sencillos que brindaban mucho amor. Su trato era muy afable.

«Cuando nos veían con las batas blancas entrar al poblado, todos querían que pasáramos a sus casas. Muchos de ellos no tenían para comer y sin embargo, buscaban algo para brindarte. A varios los transporté hacia un centro hospitalario para atenderles su padecimiento. Ellos me esperaban aunque fuera para conversar. Por estos días he recibido mensajes de correo electrónico porque ya encontraron la forma de cómo comunicarse conmigo».

— ¿Qué índices de salud disminuyeron?

— Disminuyó la mortalidad infantil y materna, la incidencia de focos epidemiológicos y  aumentó la esperanza de vida al nacer. Con los pesquizajes a las casas disminuyeron los bebés con bajo peso al nacer y se lograban los embarazos hasta las 40 semanas. También disminuimos los índices de enfermedades crónicas  no transmisibles.

— ¿Cómo era el pago del salario?

— Nosotros firmamos antes de viajar un contrato de trabajo donde se especificó los términos legales de la labor a realizar. En Cuba pagan a los familiares el salario íntegro y mantienen la plaza laboral para cuando regreses. Allá nos pagaban por tarjeta magnética un dinero que no variaba en su cifra, independientemente del valor del real (moneda brasileña) que se devaluaba constantemente.

«Esa cifra alcanzaba para todos los gastos necesarios de alimentación, electricidad, renta de casa, agua, gas y otros. Incluso mucho de nuestros compañeros invitaron a sus familiares a disfrutar de vacaciones pagando ellos con lo recibido, también recorrieron algunas zonas de Brasil de vacaciones».

— ¿Cumples dos misiones: una en Venezuela y otra en Brasil, ¿cuáles fueron las similitudes y diferencias entre ellas?

— Más similitudes que diferencias. Ambas misiones se desarrollaron en condiciones difíciles, en lugares inhóspitos y alejados. Atendí a poblaciones vulnerables con alto nivel de insalubridad y de analfabetismo. Mucha violencia en ambos lugares.

«Me tocó trabajar en municipios donde las autoridades pertenecían al partido opositor al gobierno de izquierda. En Brasil, el prefecto o alcalde no quería a los médicos cubanos y realizó todo tipo de ataques y acciones para que nos sacaran».

— ¿Por qué los gobernadores no estaban de acuerdo con los médicos cubanos?

— Al llegar ya se había dado el golpe de estado a Dilma Rousseff y gobernaba Michel Temer. La propaganda nos tildaba de militares y de proselitismo político en nuestra labor asistencial. Se empecinaban en desacreditarnos como profesionales.

«Nosotros sin hacer labor política y con sólo cumplir con nuestras obligaciones pudimos demostrar la esencia humanista de trabajar en Brasil. Nuestra disciplina de atender a todos los pacientes, examinarlos y encauzarlos con los tratamientos médicos adecuados fue la mejor contrapropaganda que pudimos realizar.

«Los resultados nuestros fueron tan evidentes que no había ni el más mínimo motivo para sacarnos. Ellos sabían que de tomar una medida arbitraria la población se les manifestaba y a ningún gobernante le convenían las huelgas».

— ¿Qué significado tiene para ti hacer este tipo de trabajo internacionalista?

— Me ha servido para aprender. Vimos enfermedades erradicadas en Cuba y sólo la podíamos tratar si estudiábamos y buscábamos información sobre ellas , demás de que investigábamos las causas para combatirlas.

«Tuvimos que enfrentar campañas difamatorias de la prensa y de la prefectura del estado. Ellos querían tergiversar el prestigio ganado por la medicina cubana en el mundo y ninguno de nosotros les dio ese gusto.

«Cuando partí, los brasileños lloraban, dijeron que iban a recoger firmas para protestar en la prefectura e incluso algunos hablaron de hacer una misa para mi pronto regreso».

Autor: Nuria Barbosa León

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