NEOFACISMO

A propósito, la sorprendente victoria de un dirigente arropado con valores xenófobos y en contra de las minorías sexuales ha puesto en el centro del debate el uso de un término, el fascismo, que en el conversatorio público estaba más emparentado con la chicana o la exageración para ridiculizar a un adversario. En ese sentido, el historiador y fundador de la central sindical brasileña CUT Valerio Arcany publicó en la revista Fórum una interesante disquisición sobre la etiqueta política mencionada y advirtió que, según su perspectiva, Bolsonaro es un dirigente neofascista. Suena parecido, pero es, sostiente Arcary en términos contextuales, muy diferente a lo que implicó el movimiento reaccionario europeo del siglo pasado.

“El neofascismo en un país periférico como Brasil no puede ser igual al fascismo de sociedades europeas de los años treinta. En primer lugar, porque no responde al peligro de la revolución. Responde a la experiencia de sectores de la clase media durante los catorce años de gobiernos de colaboración de clases del PT, y al estancamiento económico y regresión social de los últimos cuatro años, la mayor de la historia contemporánea. El antipetismo de los últimos cinco años es la forma brasileña de anti izquierda, anti-igualitarismo, o anticomunismo de los años treinta. No fue una apuesta del núcleo principal de la burguesía contra el peligro de una revolución en Brasil. Hasta hace pocas semanas la inmensa mayoría de la burguesía apoyaba a Alckmin. Bolsonaro es un caudillo. Su candidatura es la expresión de un movimiento de masas reaccionario de la clase media, apoyado por fracciones minoritarias de la burguesía, ante la regresión económica de los últimos cuatro años”, puntualiza Arcary.

Cali Del Prado.

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