La vida después de la cárcel: emprender para volver a la sociedad

DEF dialogó con Julio Fuque y Oscar Cajal, dos emprendedores cooperativistas que, tras estar presos y transitar por la vida del delito, encontraron en los oficios, el esfuerzo y el trabajo un camino certero para el cambio. Por Francisco Reyes.

Julio Fuque y Oscar Cajal recibieron a DEF en sus cooperativas. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Julio Fuque y Oscar Cajal recibieron a DEF en sus cooperativas. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Reinsertarse en la sociedad luego de haber estado en prisión es posible. Así lo demuestran los casos de Julio Fuque (37) y de Oscar Cajal (46). Fuque nació en la ciudad de Leandro N. Alem, Misiones, tiene doce hermanos, está casado, vive en Barracas y tiene dos hijos. Cajal es de San Martín, provincia de Buenos Aires, tiene dos hermanos, es viudo y tiene cuatro hijos. Ambos tienen en común que vivieron mucho tiempo del delito, estuvieron presos, salieron en libertad y decidieron cambiar sus vidas para siempre.

Julio Fuque es hoy el presidente de la Cooperativa Kbrones, fabrica su propia marca de ropa de trabajo (Kbrones Coop), lo que produce un doble impacto, ya que dentro de la cárcel brinda contención emocional a los convictos, los forma en oficios, los capacita en cooperativismo, y fuera de la cárcel, se ocupa de crear redes de emprendimientos cooperativos. Se trata de una de las primeras empresas cooperativas creadas en la Argentina para cubrir las necesidades de trabajo de quienes salen de la cárcel, y hoy tiene una importante cartera de clientes privados.

«Kbrones nació cuando salimos de la cárcel y tuvimos que elegir si volvíamos al pasado o si optábamos por un camino diferente, un cambio en nuestras vidas. Nosotros elegimos el cambio, y lo primero que hicimos fue prepararnos, formarnos, estudiar, tratar de buscar oficios, capacitarnos, terminar los estudios dentro del penal. Yo terminé toda la primaria y parte de la secundaria dentro de la unidad en la que estaba», cuenta Fuque.

Oscar Cajal, por su parte, se abocó al rubro de los accesorios para perros y gatos con su empresa Cueros Luk. Esta iniciativa nació en el seno de la Unidad N.º 12, en Gorina: «Se fue en libertad un muchacho que estaba conmigo en mi celda, y me dejó la llave del taller de marroquinería. Fui a ese cuartito sin saber qué había, apareció el profesor Aníbal Aguín, del Centro de Formación 404 de La Plata, y le pregunté qué enseñaba, y si me quería enseñar a mí. El hombre, muy predispuesto, me dijo que sí, que me iba a enseñar, y así empezamos a hacer carteras de cuero y con la máquina de coser, me manejé bastante bien, la hice andar rápido, y para la otra semana, ya tenía armadas tres carteras».

Pasados tormentosos

Así empezaron Fuque y Cajal a transitar sus primeros pasos dentro del emprendedurismo. Pero dejaban atrás un pasado muy difícil y años muy duros tras las rejas. La experiencia más difícil que le tocó vivir en prisión a Fuque fue saber que estuvo al borde de la muerte: «Lo más complicado fue cuando me quisieron matar en un conflicto de ‘rancho’ que hubo en uno de los pabellones, entraron a mi celda a matarme y justo no estaba ahí, sino en una de arriba. Ahí, intervino la mano de Dios. Iban directamente a matarme, porque un compañero mío le pegó a otro en una escalera y se dio vuelta el rancho de él contra nosotros. Entró todo emponchado, con su faca empuñada, y le dio a otro compañero que estaba justo ahí siete puñaladas. Él era gordo y yo era flaco. Si esas siete puntadas me agarraban a mí, hoy era un fiambre».

En el caso de Cajal, su peor pesadilla dentro de la cárcel fue la lejanía de su familia: «Mi problema más grave era mi familia, que estaba transitando por toda esta situación por lo que hice. Eso era lo que más me perturbaba al estar en la cárcel. Dejando eso de lado, yo vivía bien en la cárcel. Nunca he tenido muchas peleas, aunque en tanto tiempo he tenido conflictos, pero he podido resolverlos de la mejor manera».

Cuando cuentan cómo entraron en el mundo del delito, ambos coinciden en que fue por la influencia de las personas equivocadas, la famosa llamada «mala junta». Oscar Cajal remarcó: «Recuerdo que fue por juntarme con un primo mío que se dedicaba a eso y, obviamente tras aceptar su invitación, comencé a delinquir. Fue por una mala junta. Pero siempre está la determinación de uno en decir sí o no. No pasó nada la primera vez, no pasó nada la segunda vez, la tercera, hasta que con veintiún años tuve mi primera detención, en la que estuve once meses preso».

La primera vez, Cajal ya estaba con pedido de captura nuevamente: «Al año me agarraron, me tienen seis meses por otra causa, salgo y, al año, vuelvo a estar preso. Después, en 2002, tuvimos la causa más grande, por la que estuve detenido once años y nueve meses. Tuvimos un enfrentamiento armado con la policía, en el que murieron dos de ellos. Cumplí una condena de once años y nueve meses preso».

Al recuperar la libertad, Fuque decidió cambiar su vida y fundó la Cooperativa Kbrones. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Al recuperar la libertad, Fuque decidió cambiar su vida y fundó la Cooperativa Kbrones. Foto: Fernando Calzada/DEF.
El caso de Fuque fue distinto, vio esta forma de vida en su hermano más grande: «Yo tenía un hermano mayor, y lo único que veíamos de él era lo que tenía por el crimen, como autos, plata, droga y mujeres. Aspiraba a ser como él, un mal ejemplo, pero como nosotros éramos chicos, pensábamos que él era el mejor. Pero era una gran mentira, que nos llevó directo a la perdición, al fracaso total en la vida. Eso te das cuenta después, cuando te golpeas realmente», reflexionó.

El oficio como motor de cambio

Tanto Julio como Oscar se formaron como marroquineros dentro de las unidades penitenciarias en las que cumplieron sus condenas. En este proceso de aprendizaje, recuerdan con mucho cariño y afecto a sus mentores. Tanto Fuque como Cajal resaltan el trabajo de Aníbal Aguín, quien dicta cursos de marroquinería en el penal; y el de Pedro Lorenzo, psicólogo social que dicta talleres de cine-debate.

«Aníbal Aguín fue nuestro profesor de formación profesional de la Unidad 404 de La Plata. Él puso su corazón y fue el que nos empoderó, él nos hizo descubrir que nosotros podíamos construir con nuestras manos, en vez de destruir. Lo llevo siempre conmigo a Aníbal. Aprendí del trabajo gracias a él. Después, muchísimas otras cosas más cuando lo conocí a Pedro Lorenzo», recuerda Fuque.

Cajal, en la misma línea, destaca la importancia de los talleres de Pedro Lorenzo: «Pedro es un genio. Lo conocí participando de los cine-debate. Es un hombre que tiene una forma de abrirte otros caminos de vida mediante una película, que después te lleva a la reflexión, y trasladándolo a la realidad, te deja muchos mensajes de cambio, de esperanza. Lo que hace Pedro dentro de las cárceles es de destacar, hay que copiarlo y hacerlo saber. Es muy importante, todo lo que genera».

Julio Fuque cuenta que Kbrones nació en parte gracias a la ayuda de Pedro Lorenzo y de la Federación de Cooperativas de Trabajo (Fecotra): «Hoy hay un montón de chicos que se han reinsertado en la sociedad y en el mundo laboral gracias a Kbrones, que predica el cooperativismo en cada rincón de este país, y no nos quedaremos quietos, dado que vamos a seguir avanzando. Todo esto nació tocando puertas, contando nuestro proyecto, y en ese momento, sonó mi teléfono y era la Fecotra, que ingresa dentro de la cárcel a darnos el curso de cooperativismo a través de la ayuda de Pedro Lorenzo».

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Consultados respecto a qué mensaje le darían a un joven que pasa sus días tras las rejas, Fuque respondió: «Lo agarraría con tiempo». «Si estuvo diez años preso y lo agarrás una semana antes que se vaya, pero en esos diez años se drogó, se peleó con todo el mundo y nunca trabajó ni nada por el estilo, ¿qué va a hacer esa persona cuando salga? Y si lo lastimaron y lo dañaron en esos diez años, se suelta un animal a la calle. ¿Qué va a hacer? Te va a morder. Yo lo agarraría dos años antes de que salga en libertad, le enseñaría a trabajar; si no terminó sus estudios, lo haría estudiar, y que se vaya adaptando de a poquitito al mercado laboral. También mostrarle la realidad con la que se va a encontrar afuera», destaca.

Fuque también señala el importante rol que puede cumplir el movimiento cooperativo y las cámaras empresariales en la inclusión y el trabajo social, si se pudiera contar con una buena cartera de empresas que recibieran a aquellas personas que fueron monitoreadas y preparadas. «Hay muchísimos chicos que quieren cambiar», asegura Fuque. «Todos nosotros tenemos que mirar para adentro de las cárceles».

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Por su parte, Oscar Cajal manifestó que a un joven recluso le trasmitiría su experiencia de que el cambio es posible: «No le voy a ofrecer nada más que contarle y tratar de que se ponga en la cabeza que se puede vivir una vida distinta de la que vivíamos antes, y vivir como vive todo el mundo: del trabajo. Creo que haciendo las cosas bien, dormimos tranquilos. Yo ahora no tengo conflictos con nadie, porque no me los busco. Las posibilidades están para todos. Se puede, solo hay que proponérselo nomás y darle para adelante».

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